
México SOS
Despertar
2010-07-14 00:00:00 en | 0 Comentarios
Artículo de Margarita Almada publicado el 2 de julio del 2010.
Despertar
Es casi siempre de forma abstracta que se piensa en el asesinato. El número de muertos representa sólo eso: un número. Nos anestesian al decirnos que la muerte no afecta a los inocentes. No pensamos que podemos ser la próxima víctima. En la vida que nos imaginamos para nosotros, la violencia no nos toca, no nos afecta, no nos destruye.
Si la niebla del autoengaño nos dejara poner un rostro, vivencias, memorias y una familia a cada uno de esos números; si en realidad pudiéramos abarcar con nuestro ser el indescriptible sentimiento de desolación ante el absurdo de la muerte por violencia, no serían necesarias miles de muertes, bastaría una sola para saber que la primera y la más importante lucha es aquella que busca acabar con la violencia, con sus raíces y tentáculos.
No es que trate de menospreciar la lucha por el posible progreso económico y social tan necesario para nuestra sociedad, el esfuerzo individual y colectivo por el bienestar de las familias y las comunidades. Sino que la muerte todo lo destruye. Por eso los esfuerzos para mejorar nuestro estado tienen que venir desde el profundo respeto hacia la vida y la protección que esta merece, de otra forma no existe sociedad que mejorar.
Nos han hecho pensar que los asesinatos existen fuera del contexto en que vivimos, cuando la realidad es que la muerte por violencia nos acecha todos los días. Aceptar nuestra realidad sería equivalente a saber que debemos tener miedo, y que salir a trabajar, a la escuela, al supermercado significa que quizás no regresaremos a nuestro hogar.
Aun las estadísticas nacionales que pretenden mejorar la imagen de México en el extranjero aceptan que el estado de Sinaloa es una de las excepciones y que vivir aquí, representa un peligro mayor a vivir en países en guerra y en las ciudades mas violentas del mundo. Nadie de nosotros en su sano juicio aceptaría trasladarse a Iraq o Afganistán o vivir en las zonas de conflicto de Sudamérica y sin embargo, el nivel de seguridad aquí es similar o peor. Estamos dentro de una guerra para la cual no nos hemos enlistado, una lotería de la muerte para la cual nadie quiere y nadie cree, haber comprado un boleto.
La maldad, la terrible, devastadora y omnipresente maldad, se disfraza. Pero, aun así, todos sabemos dentro de nosotros lo que debemos hacer para excluirla, para alejarla, para restarle poder hagámoslo. Hemos dejado de ser una sociedad, es decir, un grupo de personas constituido para lograr, por medio de la cooperación, los fines de la vida. Tendremos que unirnos y ser un bloque de resistencia, tendremos que amarnos más, dar más de nosotros mismos, abrazarnos en la lucha.
Se pierden a diario vidas inocentes, si debiésemos llevar luto por cada una de ellas, no tendríamos lugar para el color.
Es muy duro despertar de esa sensación ilusoria de seguridad. Pero si no lo hacemos, nuestro despertar, porque lo habrá, será más duro. Un despertar rápido, certero, doloroso y desgarrador: la muerte de quienes amamos.
Este artículo se lo dedico a mi hermano, una víctima inocente de la violencia y a todos a quienes su muerte despertó.
Contacto | Sala de prensa | Búsqueda | Acerca de México SOS
Políticas de privacidad | Términos y condiciones de uso





